miércoles, 3 de diciembre de 2014
El gimnasta
Como su G indica, el gimnasta lleva perilla y un bigote que se junta casi con un grueso mechón en forma de gancho sobre una frente caída.
Ceñido por una malla que hace dos pliegues en su ingle, lleva también -como su Y- la cola a la izquierda.
Devasta todos los corazones, pero debe ser casto y su palabrota es ¡BASTA!
Más rosado que lo natural y menos diestro que un mono, salta a los aparatos embargado de puro celo. Luego, con la parte superior de su cuerpo asida a la cuerda de nudos, interroga el aire como una lombriz desde su terrón.
Para acabar, cae a veces de las cintras como una oruga, pero rebota con los pies, y es entonces el adulado prototipo de la estupidez humana quien os saluda.
(Versión de Miguel Casado, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2006)
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