viernes, 12 de agosto de 2016

La jaba

   A medio camino entre la jaula y el calabozo, la lengua posee la jaba. Sencilla cajita con calzados destinada al transporte de aquellos frutos que a la más mínima sofocación recaen enfermos. 
   Montada de tal manera que al término de su uso pueda romperse sin esfuerzo, la jaba no sirve dos veces. Dura, así, todavía menos que los productos fundentes o nebulosos que contiene.
   En cada esquina de las calles que culminan en el mercado, reluce con todo el resplandor sin vanidad de la madera blanca. Todavía muy nueva y levemente sorprendida de ser echada a la basura sin vuelta en tan torpe postura, este objeto es, en suma, uno de los más simpáticos —no obstante, conviene no insistir mucho más tiempo en su suerte.


(Versión de Waldo Rojas, para: "Antología crítica, Francis Ponge", Gog & Magog, Bs As, 2016)

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