martes, 24 de septiembre de 2013

El cigarrillo


Formemos primero la atmósfera a la vez brumosa y seca, desmelenada, donde el cigarrillo está siempre puesto de través, desde el instante en que él mismo comienza a crearla continuamente.
Luego, su persona: una pequeña antorcha mucho menos luminosa que perfumada, de donde se desprenden y caen, según un ritmo aún no determinado, un número calculable de pequeñas masas de ceniza.
Por último, su pasión: ese botón abrasado, descarnándose en películas plateadas, que un manguito inmediato formado por las más recientes envuelve.

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